Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Tres poemas de Lokenath Bhattacharya, versión al español de Reinaldo García Ramos

LOKENATH BHATTACHARYA

 
La trompeta
 
Durante todo el día hemos hallado espléndidos caminos, no podemos quejarnos.
 
Para apaciguar nuestras miradas ha estado ahí con su verdor el gran arbusto; por momentos el mar ha estado cerca y nos ha hecho compañía con sus tenues olas.
 
Si alguna vez se ha levantado el viento, o si no hemos podido hallar albergue a mediodía, sólo ha sido para que podamos reducir el hastío de una dicha continua.
 
No, en lo tocante al camino, de nada nos quejamos. Al contrario, ya que hemos sido tan afortunados, ya que el recorrido está a punto de acabar y el sol por fin se hunde en los confines del oeste, quiero pedir algo.
 
¡Que ocurra algo distinto, que en nuestras bocas aparezca otro sabor más dulce, que la noche con todas sus luciérnagas preserve los orígenes del sueño!
 
Sí, no cabe duda alguna: necesito esa música; la trompeta a la puerta de entrada, no lo olviden.
 
 

Traducido del bengalí al francés por el autor
Versión al español de Reinaldo García Ramos

 
 
 
¿A dónde van los ríos?

(fragmento)

 
“Déjate llevar por el sonido, modulado y trémulo”, dijo tal vez uno de nuestros sabios antiguos, un vidente. “Si no, añadió, nunca cruzarás el bosque de la noche, el horizonte no aparecerá cuando el alba llegue.”
 
Después, esas palabras se han propagado de siglo en siglo, a través de las guerras y la paz, de ciudades a aldeas, y han llegado hasta las desembocaduras de los ríos; han atravesado inundaciones y hasta incendios.
 
Como todos nosotros, soy el hijo de un mismo país, de una misma tierra, vivo en un mismo tiempo que no ha cesado de pasar, de un nacimiento a otro, de una muerte a otra. Pero yo nunca había entendido esas palabras, yo que tal vez soy el imbécil mayor, o un rebelde de pacotilla.
 
Un día, poco después de haber emprendido mi camino, escrutando el vacío y palpando la corteza de un árbol caído, dije: “No iré hacia el sitio adonde van los ríos; ese modo que tienen de descender no es para mí; y veré bien si al final, a pesar de todo, el canal que yo abra con mis pasos, aunque al principio sea oscuro y estrecho, tendrá salida al mar, a condición desde luego que exista una salida y un final.”
 
Entonces me deshice del sonido, de sus modulaciones, sus estremecimientos que parecen caramelos vulgares y baratos, indigestos, asquerosos, y cuando alguien se gastaba astucias conmigo, empecé a hacer solamente un vago gesto con mi mano.
 
Tras lo cual mi herramienta preferida ha sido la palabra despojada en extremo, repleta de sentido y de una evidente claridad: una prosa desnuda, sin retórica alguna, un paisaje tallado en un guijarro. Cuido de esa prosa como si fuera una de las niñas de mis ojos. La otra niña es el bosque nocturno, no el horizonte que la mañana traiga.
 
 

Traducido del bengalí al francés por Luc Grand-Didier y Gérard Macé
Versión al español de Reinaldo García Ramos

 
 
 
Esta otra alegría
 
Como si fuera una tormenta enfurecida, ha entrado un abejorro extravagante. Una verdadera tempestad, que ruge y ruge con su temblor de alas. ¡Qué zumbido tan terrible, me ensordece: bzz, bzz, bzz!
 
Salido de no sé cuál reino enloquecido, quiere arrastrarnos hacia otra comarca y distraernos, barriendo con todo, llevándoselo todo. ¡Qué esplendor trae en su cuerpo! Dones del cielo, ciertamente, todas las partes de ese cuerpo: trazos multicolores por encima y por debajo de sus ojos, encantamientos de sus alas cargadas de pequeños nervios.
 
Estremecido de repente, el instante mismo se pone a temblar, el cuadro en la pared observa, desconcertado. Fragmentos de polvo son lanzados al aire, se perfila una danza en desorden.
 
Después, palpando esta otra alegría que resonaba aquí antes de su llegada, la armonía de una paz desconocida, el abejorro gira sobre sí mismo y parte hacia el exterior, desaparece de inmediato, con la misma rapidez con que llegó.
 
A mí me corresponde ahora recoger lo que fue alterado: hojas muertas que vuelven a caer al suelo lentamente, en silencio, mientras me vuelvo a concentrar en el canto de un devoto en éxtasis, en su voz baja y melodiosa, que yo escuchaba hace algunos instantes.
 
Silbidos, como de espadas que cruzan el espacio: la meditación de la persona que está sentada al lado mío se ha mutilado, se ha manchado de sangre. Sin embargo, logro retener la cuerda que nos une, no la suelto.
 
 

Traducido del bengalí al francés por el autor y Luc Grand-Didier
Versión al español de Reinaldo García Ramos

 
 

Lokenath Bhattacharya
(Foto de Raphael Gaillarde)

Lokenath Bhattacharya (1927-2001) nació en Bengala y cursó estudios universitarios en París. Escribió siempre en bengalí, pero casi todos sus libros están traducidos al francés, muchos de ellos por el propio autor o con su ayuda. Publicó varias novelas y numerosos libros de poesía en prosa. Tradujo al bengalí las obras de Descartes y la poesía de Rimbaud y de Henri Michaux. Tras muchos años de trabajo en la India, donde prefirió vivir en aislamiento, apartado de los círculos literarios, se radicó en Francia con su mujer, que era francesa. Murió en Egipto, en un accidente de automóvil.

 

Reinaldo García Ramos
(Foto de Sergio Chavez)

Reinaldo García Ramos (Cienfuegos, 1944) publicó su primer poemario, Acta, con las Ediciones El Puente en 1962. Salió de Cuba en 1980. Entre sus libros de poesía se destacan El buen peligro (1987), Caverna fiel (1993), En la llanura (2001), Obra del fugitivo (Premio Internacional de Poesía Luys Santamarina-Ciudad de Cieza, 2006) y El ánimo animal (2008). Es autor de una novela testimonial, Cuerpos al borde de una isla; mi salida de Cuba por Mariel (2010). Rondas y presagios, una compilación de sus poemarios, apareció en 2012 por la Editorial Silueta, de Miami.

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Esta entrada fue publicada el 18/03/2017 por en Poesía, Traducciones.
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