Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

El sombrero de mi padre y otros poemas

GEORGE FRANKLIN

 
Traducción al español de Ximena Gómez
 
 
El sombrero de mi padre
 
Es un tanto inquietante que nuestras ropas nos sobrevivan.
Pienso en tu chaqueta deportiva de tweed suspendida en la silla
En los pantalones pulcramente planchados que colgaban en el closet,
Y por supuesto, en las camisas blancas con decoloraciones amarillas
Bajo los brazos y en la parte de atrás del cuello,
Una historia escrita por el cuerpo con la tinta invisible del sudor.
También en algún lado, un cinturón modelado por la forma de tu cintura,
Y los zapatos vacios y abultados dibujaban un retrato de tus pies.
Recuerdo que yo echaba mano de las corbatas
Que no estuvieran manchadas por un almuerzo apresurado
O por un bocado de pastel que se te resbalara del tenedor. Yo cogía
Las buenas, las de seda china, y las usaba hasta que se deshilachaban
Y se deshacían. Pero el fedora gris lo dejé en una repisa del closet.
Podía oler tu pelo en la cinta del sombrero, escaso y peinado
Hacia atrás de la frente. Te quedaba preciso y el viento nunca lo atrapó.
En mi cuarto está la foto que te tomé escuchando a Chopin.
Tus ojos perplejos por algo que nunca dijiste. Ahora la miro
Y me pregunto quién eras, porqué nunca te conocí.
 
 
 
My Father’s Hat
 
It’s wrong somehow for our clothes to survive us.
I think of your tweed sports jacket draped over the chair
Neatly-pressed slacks hanging in the closet. And
Of course, the white shirts, discolored yellow
Under the arms and at the back of the collar, a history
Written by your body in the invisible ink of sweat.
Somewhere also, a belt was shaped by your waistline,
And empty shoes bulged, drawing a portrait
Of your feet. I remember I helped myself to the ties
That weren’t stained from some hurried lunch
Or a bite of pie that slipped off the fork. I took the good ones,
Chinese silk, and wore them until they frayed and
Unraveled. But, the gray fedora I left on the closet shelf.
I could smell your hair in the hatband, sparse and
Combed back from your forehead. It was a good fit
For you, and the wind never caught it. In my room is
The photograph I took of you, listening to Chopin, your eyes
Puzzled by something you never mentioned. I look at it now and
Wonder who you were, why I never knew you.
 
 
 
Mudanza
 
He vivido aquí lo suficiente
Para estar triste de marcharme.
Los árboles de mangos que sembré
Estaban cargados de fruta.
El árbol del diablo se elevaba sobre la casa
Sus espinas tenían el tamaño de mi puño,
Sus flores rosadas tapizaban los ladrillos.
Las floraciones de hibisco, rojo intenso
Impactaban los ojos. Estaba acostumbrado
A mis pasos en las baldosas del pasillo.
Conocía las vitrinas, los cajones.
Incluso mis estantes de libros desorganizados
Estaban ahí, en casa. Los escritores no
Estaban puestos cerca a los que despreciaban.
El nuevo lugar sería más pequeño
Con menos espacio para ecos, muebles ausentes
Y otras voces además de la mía.
Tendría aún un escritorio,
Pilas de papel, fotos. Después de un tiempo
Los cuartos olerían a lo mismo: a incienso,
A libros viejos, a limpiador líquido, a cebollas friéndose
En la cocina, al perro cuando entrara
De la lluvia, a ropa recién lavada.
Será lo mismo pero diferente.
Meses atrás, sembré un árbol
Un Ylang-Ylang, cerca al sendero.
Sabía que me iba, entonces yo no sé
Porqué me importó. Sin embargo, me agradaba
Imaginar las aromáticas flores amarillas
Que colgarían frente a la casa estilo finca,
En una calle cualquiera.
 
 
 
Moving
 
I’d lived there long enough to be sad
At leaving. The mangoes I planted
Were bearing heavy fruit. The devil
Tree towered over the house, its thorns
The size of my fist, its pink blossoms
Carpeting the bricks. Hibiscus blooms,
Deep red, startled the eye. I’d gotten
Used to my footsteps on hallway tile.
I knew the cabinets and the drawers.
Even my disorderly bookshelves
Were at home there. (Writers were not
Placed next to the colleagues they despised.)
The new place would be smaller, with less
Room for echoes, missing furniture
And other voices besides my own.
I’d still have a desk, stacks of papers,
Photographs. After a while the rooms
Would even smell the same: incense, old
Books, cleaning fluid, onions frying
In the kitchen, the dog when he comes
In from the rain, laundry freshly washed.
It would be the same but not the same.
Months earlier, I planted a tree,
An ylang-ylang, by the walkway.
I knew then I was leaving, so I
Don’t know why I bothered. Still, it did
Please me to imagine the scented
Yellow blossoms hanging in front of
That ranch-style house on that random street.
 
 
This poem was previously published by Sheila-Na-Gig Online
 
 
 
En un día frío
 
La nieve trae el frío de la novocaína, los dedos
De látex del dentista que no saben a nada. ¿Cuáles son
las circunstancias de tu ausencia? Pongo a Jerry Butler
Y a Otis Redding y con ellos canto, mal, porque
De todas formas nadie puede oírme. Los vecinos palean
La nieve de la acera al ritmo de la música. Estoy sentado
Con Otis en el muelle de la bahía, donde no está nevando.
Su avión se chocó en invierno contra el lago Monona,
Así que ahora él mira el agua y hay un escalofrío en su voz
Mientras yo lavo los platos, y el vapor empaña mis anteojos.
–¿Otis, Jerry, qué hago? La mujer que quiero… No alcanzo
A terminar la idea. El viento arroja nieve contra el cristal.
Me conformo con café y mantequilla de maní
Sobre pan de un día. Saben bien juntos. Tres ramas
Se tuercen llevando su propio ritmo sincopado. Bailo,
También mal, mientras Jerry canta: “He Will Break Your Heart”.
Cristales de hielo brillan en la ventana como lentejuelas
De estriptista.
 
 
 
On a Cold Day
 
The snow carries the chill of Novocain, the dentist’s
Latex fingers that taste of nothing. What
Is the circumference of your absence? I play Jerry Butler
And Otis Redding and sing along (badly)—because
No one can hear me anyway. The neighbors
Shovel their walk in time to the music—I’m sitting
With Otis on the dock of the bay, where it is not snowing.
His plane crashed in winter into Lake Monona, so now
He stares at the water and a shiver enters his voice as
I do the dishes, steam fogging my glasses. “Otis,
Jerry, what do I do? The woman I love”—I don’t get
To finish the thought—the wind slaps snow
Against the pane. I settle for coffee and peanut butter
On day-old bread—they taste good together. Tree limbs
Twist to their own syncopation. I dance (also badly)
To Jerry singing “He Will Break Your Heart.” Ice crystals
On the window sparkle like the sequins of strippers.
 
 
This poem was previously published in the 44th printed version of Salamander
 
 
 
Habitante del mundo
 
Las rutinas de la vida son insoportables. Cada día
La llave enciende el carro, las ruedas del carro circulan
Al trabajo, a almorzar, al trabajo, a la casa.
Esto, dicen, es responsabilidad: Cuidar a los hijos, pagar
Las obligaciones acumuladas, formas multi-silábicas del dolor.
Quieres deshacerte de todo, convertirte en monje en la selva,
Vivir de frutos silvestres, hacer caso omiso de los mosquitos,
Adquirir el poder de ver cosas que ocurren a lo lejos,
Entrar en los cuerpos de otros, conversar con los espíritus.
Pero todo el tiempo tienes la fotografía de ella en frente de ti.
Te dices a ti mismo que ganarse la vida, pagar los estudios y
La comida tiene sentido. El monje conversa con espíritus,
Pero tú hablas con la carne y los huesos cada noche
A la hora de la cena, tocas con suavidad la mano de una mujer,
Intercambias mensajes al alzar las cejas, o al abrir los labios
En una ligera sonrisa. El monje hace milagros y no renacerá.
Tú volverás una y otra vez en miles de nacimientos,
Cada vez recreando esta danza de manos y de ojos,
De retener y liberar. Tal vez hiciste un voto,
Hace cientos de vidas, para regresar así, para acariciar
Su pelo hasta que tu mano se quede inmóvil,
Para pasar días añorando el bosque, y noches apretando
Tus muslos contra los de ella. Tal vez ella hizo lo mismo.
 
 
 
Householders
 
The habits of a life are intolerable. Every day,
The key turns in the ignition, and the car’s wheels roll
Toward work and lunch and work and home. This,
They say, is responsibility, taking care of kids, paying
The accumulated obligations, the multi-syllabic forms
Of pain. You want to throw it all away, become a monk
In the forest, live on berries, and ignore mosquitoes,
Acquire the power to see things happening far away,
To enter the bodies of others, converse with spirits.
But, all the time there is that photograph in front
Of you. You tell yourself there is meaning in earning
A living, in paying for school and food. The monk
Converses with spirits, but you speak with flesh
And bone each night at dinner, quietly touch a
Woman’s hand, exchange messages by means of
A raised eyebrow or lips opening to a quick smile.
The monk performs miracles and will not be reborn.
You will return continuously for thousands of births,
Each time reenacting this dance of hands and eyes,
Of holding and letting go. Perhaps you took a vow
A hundred lifetimes ago to return like this, to caress
Her hair until your hand no longer moves, to spend
Days yearning for the forest, but nights pressing
Your thighs against hers. Perhaps she did the same
 

George Franklin
(Foto: cortesía del autor)


 

George Franklin. Además de escribir poesía, es abogado y da clases de escritura en cárceles del estado de la Florida. Recibió un grado de maestría en escritura creativa de la Universidad de Columbia, un doctorado de la Universidad de Brandeis en Inglés y Poesía Estadounidense y un doctorado en derecho de la Universidad de Miami. Sus poemas han aparecido en Salamander, The Threepenny Review, Verse, The Ghazal Page, Scalawag, Sheila-Na-Gig, Gulf Stream, Rumblefish Quarterly, Vending Machine Press, y Matter y su crítica literaria se ha publicado en ELH. La revista Alastor y la revista Nagari han publicado en versión bilingüe algunos de sus poemas. Poesía suya aparecerá próximamente en B O D Y.
 

Ximena Gómez
(Foto: cortesía de la autora)


 

Ximena Gómez. Poeta, narradora, traductora, profesora de español como segunda lengua y psicóloga. Poemas suyos han aparecido en medios digitales e impresos como Nagari, Conexos y Círculo de Poesía. La editorial española Torremozas publicó su libro de poesía Habitación con moscas (2016). Uno de sus cuentos ha aparecido en la Nueva Antología de Poesía y Narrativa Hispanoamericana, publicada en Madrid España por la editorial Lord Byron Ediciones, en junio de 2017. Ha sido incluida en varias antologías entre ellas: Crear en femenino: dieciocho autoras de Miami (Editorial Silueta, 2017).

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Esta entrada fue publicada el 15/01/2018 por en Poesía, Traducciones.
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