Revista Conexos

Una revista de arte y literatura, sin fronteras generacionales ni geográficas

Un recorrido por Lotavianos

ELENA VILLAMANDOS

 

Lotavianos se compone de nueve cuentos y de un relato final con los que Damián H. Estévez nos sumerge de nuevo en esta isla canaria imaginada, Lotavia, como si realmente existiese aquella San Borondón que los antiguos pobladores del archipiélago aseguraban ver emerger del océano. En este sentido Lotavia es una realidad física y tangible para Damián y para el propio lector y se me antoja toda ella producto de nuestro inconsciente colectivo, de ese inconsciente trazado a base de ancestrales testimonios sobre la isla fantasma que, con el transcurso del tiempo, acabó por convertirse en leyenda, y que ha sido tantas veces plasmada en el arte y en la tradición  popular. La isla también como una condición psíquica, tan interiorizada y hermética, que sitúa al lotaviano en el centro de su propia narrativa. Porque, si tenemos los canarios la posibilidad de un territorio del que siempre hemos hablado y que hemos  sentido tan real como la propia tierra física, ¿por qué no situar nuestra historia ficticia,  nuestra cuentística, en ella? ¿Por qué no crear nuestro mundo a imagen y semejanza de nuestro imaginario particular?

El libro comienza con un cuento, «lncendios», en el que, como bien indica el título, se narran incendios de diferentes tipos, tanto físicos como emocionales. En su manera de  presentar a los dos primeros personajes que entran en escena y que son la joven y la  anciana, vemos ya el esfuerzo del autor por mostrar la inevitable relación que existe  entre lo antiguo y lo nuevo y la manera en que ambas cosas van de la mano. Esto unido a la idea de que el fuego siempre ha sido símbolo de renovación, nos deja una profunda impronta de leyenda y la reflexión de que, muriendo el viejo pellejo de la isla, surge una nueva San Borondón bajo la piel de Lotavia, de la misma forma en que unas generaciones dan paso a las siguientes. El propio autor dice de estos dos personajes:

«Han salido de la nada: si las observan bien, les parecerán fantasmagorías que se han  desprendido del edificio en llamas, ficciones que, huyendo de la calcinación,caminan por las calles de Lotra».

Así se nos presentan todos los personajes de este libro. Semejan fantasmas desprendidos de este fuego que supone la resurrección de la octava isla que siempre hemos anhelado encontrar.

EI cuento, además, está repleto de escenas costumbristas donde se manifiesta la división económica, social y laboral, relacionada a su vez con la injusta distribución de los recursos, en una sociedad puramente agrícola como fue la del archipiélago hasta los años 60, cuando el boom turístico trajo de la mano el auge del sector de los servicios. El escritor describe todo esto sin arrojar un solo juicio al respecto y lo hace con la pulcritud del pintor hiperrealista. Se trata del ojo que todo lo observa totalmente divorciado de cualquier postura ideológica. ÉI mismo apunta, en esa cita tan bien escogida al inicio del libro: «La narración debe ser amoraI, como lo es su propio objeto: la evocación de un acontecer; toda otra intención que no sea esta es advenediza y bastarda en sus entrañas». Es esta una cita de RafaeI Sánchez FerIosio que se encuentra en su libro Altos estudios eclesiásticos. Vemos aquí claras influencias de la literatura sudamericana, del realismo y del realismo mágico con autores como Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes, entre otros.

En el cuento «EI esteticista» que se desarrolla en un escenario completamente turístico, dentro de uno de los hoteles más grandes y lujosos de la isla, se puede sospechar el antagonismo que subyace en el fondo de la historia. Este antagonismo se produce al enfrentar la pureza que inspira la contemplación del paisaje con la fealdad de los deseos humanos y queda definitivamente delatado en las impresiones finales del personaje:

«EI edificio nunca le ha dicho nada, lo ha comparado en numerosas ocasiones con los paisajes que tanto lo sugestionan, las cumbres y las playas y los bosques de Lotavia, y más bien desprecia esta mole artificial. Pero hoy es aún peor, porque parece que transmite su opacidad a esos lugares, que los empaña».

De esta forma vemos que los paisajes construidos por la humanidad, a diferencia de los paisajes naturales, no son más que una forma de maquillar nuestras propias miserias. La elegancia y voluptuosidad de nuestros edificios, de nuestras posesiones, no son más que máscaras con las que pretendemos huir de nuestras mezquindades, y nos sitúan de espaldas a la verdadera belleza natural, aquella que nos es dada de manera simple, sencilla y gratuita. Pensemos, sin ir más lejos, en cómo el boom turístico que se inició en las islas durante la década de los 60 y que acabó por tomar verdadero empuje en la década posterior, afectó terriblemente a nuestros paisajes y a nuestra manera de relacionarnos con la naturaleza.

El cuento «Donde la arena es negra» emana un aire de leyenda oceánica cuyo genio diría que bebe de fuentes diversas. Por un lado, de la mitología griega y, por otro lado, de la obra de autores como Stevenson o Daniel Defoe o de los legendarios viajes de «Simbad el marino». Se nos manifiesta aquí el misterio que subyace en los fondos de los mares aludiendo a criaturas tales como las sirenas, los piratas y a los objetos que, a cada rato, arriban a nuestras costas empujados por el salvaje y vigoroso océano atlántico, incluyendo, cómo no, a las lindas turistas nórdicas a las que realmente hace referencia el cuento. Desde otro ángulo creo que «Donde la arena es negra» puede leerse como un homenaje a todo lo que nuestras playas son capaces de evocar y que resultan fuente de inspiración para cualquier artista.

La magistral manera que posee Damián de plasmar lo sobrenatural, aquella imaginería antigua bien anclada en nuestra conciencia popular, en el escenario de lo actual, en los aconteceres más comunes y corrientes es, bajo mi punto de vista, lo más brillante de este libro en su conjunto.

«El secreto de Rosalinda» es un cuento bastante curioso especialmente por su estilo narrativo. Se encuentra, a partes, narrado por una voz en off que le habla al personaje como si lo tuviese delante y le interroga sobre su gesto, su pensamiento, su pasado, su memoria, la imagen distorsionada que Rosalinda tiene de sí misma. De esta forma el personaje se cuestiona constantemente situándose como su propio juez y mortificándose. Este recurso ayuda a aumentar el tono dramático y a vislumbrar un infierno interior que, de otra manera, no veríamos tan claramente. Por otro lado también delata la gran empatía que el autor siente hacia sus criaturas, cosa que el lector, sin duda alguna, agradece.

Percibimos también la voz de Damián, muy original, en el cuento titulado «El mar en un hueco», donde se narra, desde un interesante recurso testimonial, la relación de un padre con su hijo que sufre un trastorno obsesivo no diagnosticado. La simpleza cultural del padre le impide entender en su totalidad el aterrador proceso de locura en el que está inmerso el hijo. Un cuento realmente magistral en toda su sencillez. Economía de palabras y de recursos no exenta de contenido y de dramatismo.

En «Lugares propicios para el amor», sin embargo, la escritura se torna conservadora, ligera. Aquí asistimos al nacimiento del amor entre dos jóvenes de hoy en día. Un cuento muy actual, de fácil lectura y con claros elementos del género romántico y juvenil. Un retrato externo y a la vez interno de lo que llamaríamos el enamoramiento, que en el fondo es también el despertar a la sexualidad y al fiasco que conlleva el darse cuenta de que, al final, eso que llamamos amor no es más que pura secreción de hormonas.

Los siguientes cuentos, «Hombre con traje rojo» y «La belleza», siguen las mismas líneas que marca el conjunto del libro. Espléndidamente construidos, realistas e introspectivos. Los personajes hablan, desde su yo más profundo, de importantes sucesos que además les hacen coincidir con otros personajes de los otros cuentos del libro. Y cuando ya llegamos a «Propiedades de las cosas», reconocemos la capacidad del autor de manejar un sinfín de recursos creativos pues esta pieza nos sorprende de repente por su estilo surrealista, transgresor, ya que aquí tanto la voz narrativa como la trama de la historia y su objetivo final, se confunden y se bifurcan.

Damián cierra esta obra con el relato «Arminda y el cofre del esposo difunto», y digo relato por su extensión, pues abarca toda la vida del personaje. En él se cuenta la historia de Arminda, inmigrante cubana que llegó a Lotavia en el año 1942, igual que otros tantos, cubanos y venezolanos, que se establecieron en el archipiélago en esa época buscando un futuro mejor. Leemos aquí también un pedazo de nuestro pasado, la emigración de muchos canarios a la isla caribeña a finales del siglo XIX, antes de que Cuba dejase de ser colonia española. Con un estilo claramente regido por el realismo mágico, muy cercano a las mejores narraciones de Carlos Fuentes, Damián nos hace reflexionar sobre cómo parte de la construcción de lo que somos actualmente, de nuestra cultura, de nuestras fiestas y de nuestras maneras de relacionarnos con la tierra, tienen su origen en Sudamérica, continente que, por este motivo, sentimos los canarios más cercano y familiar que la propia Península Ibérica.

En definitiva, quiero decir que Lotavianos es una obra circular como el propio espíritu isleño, pues una y otra vez nos devuelve a la isla de Lotavia y en ella los personajes se mueven y existen como un elemento más de ese horizonte que se nos presenta, a la vez, limitante y liberador. Un pequeño y al mismo tiempo abierto lugar en el mundo, refugio de muchos y puerto de paso de otros tantos. Además Lotavianos es también el cuarto libro de Damián que se sumerge en este imaginario de paisaje y paisanaje, después de su tres libros anteriores, lo cual nos hace sospechar que estas criaturas lotavianas continúan ahí, pululando por esta octava isla canaria y por la mente de su creador, esperando ser reconocidas y congeladas por la ágil pluma de Damián. En definitiva, repito, un libro para leer y para disfrutar, una gran joya de nuestra cuentística.

Lotavianos
(Ediciones Idea, 2019)

DamianEstevez


Damián H. Estévez (foto: cortesía del autor)

Damián H. Estévez nació en Los Realejos, un pueblo del norte de Tenerife que muy bien podría ubicarse en Lotavia, esa isla canaria en la que caben todas las demás; los seres fantásticos, aéreos, terrestres y subterráneos que poblaron su infancia a través de los relatos de sus familiares lo convirtieron en un apasionado de la mentira del fabular. Estudió el bachillerato en el instituto de dicha localidad, como un alumno de ciencias, pero cursó la carrera de Filología Hispánica en la Universidad de La Laguna. Ha impartido la docencia como profesor de secundaria de Lengua y Literatura en institutos públicos de El Hierro, Gran Canaria y Tenerife. Actualmente lo hace en el Instituto de Tegueste. Obtuvo el premio Félix Francisco Casanova del diario El Día en el año 1977, y publicó algunos textos en ese periódico y en La Tarde. Con Editorial Idea ha publicado el libro de relatos Lo que queda en el aire (2010). Con Aguere-Idea, ha publicado …En el aire queda. Su novela Quién como yo (2015), ha sido publicada en la colección G21 Narrativa Canaria Actual de la editorial Aguere-Idea. Todas las tramas de su obra transcurren en la isla de Lotavia, de cuyos habitantes y sus vidas las narraciones de Damián H. Estévez son fiel crónica.

 

Elena Villamandos
Elena Villamando
(foto: cortesía de la autora)

Elena Villamandos. Nació en el año 1971 en Tenerife (Canarias, España). En el año 1999, ganó el premio de cuentos de Caja Canarias con el relato titulado «Trazos Interrumpidos» y en el 2000 el premio de relatos del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife con el conjunto de relatos titulado Trazos Interrumpidos. Ha publicado la novela Pasajeros del tiempo y los libros de poemas Poética y vida y Egipto. Textos suyos han visto la luz en suplementos de periódicos y revistas enfocadas a la literatura y al arte en general. Es coordinadora de los talleres de creación literaria «Los inventores de cuentos» impartidos en la Biblioteca Pública del TEA y en el centro de enseñanzas artísticas Rayuela.

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Esta entrada fue publicada el 14/06/2020 por en Reseña.
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